Cerveza roja y el cordero místico

Gante, delirium tremens

Situada en el corazón de Bélgica, en la provincia de Flandes Oriental, de la cual además es capital, Gante es una ciudad relativamente pequeña con una población que roza el cuarto de millón de habitantes. A pesar de que hoy en día parece no contar con la popularidad que sí tienen otras ciudades belgas como Bruselas, Brujas o Amberes, es necesario recordar que entre los siglos IX y XV Gante fue la segunda ciudad más grande de Europa -al norte de los Alpes-, después de París.

Lugar de nacimiento del emperador Carlos I de España y V de Alemania -el cual años más tarde traicionaría, humillaría y asesinaría a sus propios paisanos-, Gante es una ciudad con mucha historia y mucho que ver. Dando un paseo por el casco antiguo el visitante tiene la impresión de encontrarse permanentemente en un museo a cielo abierto. Gran cantidad de iglesias, varias catedrales, la ópera o el Castillo de los Condes son un recuerdo de su importante pasado medieval.
Estas antiguas reliquias y la mayoría de los edificios antiguos del centro histórico, de ladrillo visto, con tejados en forma de escalones, fachadas estrechas y escaleras angostas y empinadas, se mezclan con otros mucho más modernos y vanguardistas. La arquitectura es inteligente y funcional, los nuevos inmuebles se adaptan a lo ya existente de una forma sencilla y armoniosa, sin desentonar. Restaurantes, salas de exposiciones, bares, panaderías y tiendas de ropa ocupan los bajos de edificios en los que es posible leer en sus muros el año en el que fueron construidos, en algunos casos pertenecientes o anteriores al siglo XVII. Todos estos contrastes producen un agradable y desconcertante efecto en el viajero. La ciudad rezuma historia.

Puesto que no es muy grande, decidimos visitar Gante en un par de días. Y es que a pesar de que hay mucho que ver y degustar, a nosotros nos gusta viajar sin agobios y sin prisas, disfrutamos paseando, bebiendo cerveza en una terraza o durmiendo hasta que a las 11:45 suena la alarma del móvil recordándonos que tenemos quince minutos para devolver las llaves en recepción. Es más, odiamos a los viajeros pesados, a esos que se obsesionan cual japoneses con una reflex corriendo de un lado a otro fotografiando todo lo fotografiable, intentando ver todo lo que la guía de viajes que compraron dice que hay que ver.

Dicho esto, vámonos a dar una vuelta.

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12:00 Check-in

El hecho de pasar sólo una noche en una ciudad permite darse algún lujo extra. Como lo importante es viajar a gusto y disfrutar, lo mejor es reservar una habitación en el Ghent Marriott Hotel -Korenlei 10-. Céntrico a más no poder, moderno y extremadamente limpio, este hotel es el que recomiendan en todas las guías y blogs de viajes. Y con razón. A pesar de ser un cuatro estrellas, los precios son asequibles, aunque no incluyen desayuno -prohibitivo, ¡24€/persona!-, lo que tampoco es un problema. Gante está lleno de panaderías, pastelerías y puestos callejeros en los que es facilísimo encontrar waffles -gofres- y otras delicatessen que harán las delicias de todos.

13:00 Toma de contacto y aperitivo

A bote pronto podemos dividir el centro de Gante en dos mitades: el casco histórico y el Kunstenkwartier (o barrio de los artistas). Puesto que el casco antiguo no es excesivamente grande, se puede recorrer todo tranquilamente dando un paseo. Empezar con un aperitivo nada más salir del hotel es una buena idea. Una zona perfecta para ello es Groentenmarkt, una pequeña plaza en la que podemos degustar unas ostras con un vinito blanco a un precio razonable -6 ostras y una copa de vino, 12€-. Como las ostras no son del gusto de todos, otras opciones son la Lonja -el antiguo mercado de carne, abierto todos los días de 10:00 a 18:00-, donde podemos probar embutidos y jamones típicos de Flandes o, para los más golosos, los waffles de Koffie 3,14 Thee, o cualquier pan o bollo de Himschoot.

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A tiro de piedra de Groentenmarkt está Vrijdagmarkt, una plaza enorme llena de terrazas, un cañón enorme y unos de los puestos de patatas fritas más típicos de Gante, Jozef.

15:00 Tarde cultureta

Ya con la tripa llena, tenemos varias opciones para pasar una tarde agradable. Si el tiempo acompaña, un paseo en barco para hacer la digestión es muy buena idea. Hay varias compañías que se dedican a ello y los precios son bastante parecidos -desde 6€ adultos, niños 3,5€-. (www.debootjesvangent.be o www.boatingent.be). Como en Bélgica nunca se sabe, otra posibilidad es visitar algún museo. Como hay varios, ya depende de los gustos de cada uno:

S.M.A.K., o Museo de Arte Contemporáneo de Gante- Museo de Bellas Artes
STAM, o Museo de la ciudad de Gante

19:00 Cerveza, cena y jazz

Por todos es sabido que en Bélgica se hace la mejor birra del mundo, por muy tontos que se pongan los alemanes. Dicho esto, nuestra visita ha de empezar con la cata de alguna típica. Como en Gante podemos encontrar infinidad de cervezas diferentes, y puesto que antes de cenar es recomendable tomarse una para hacer hambre, el sitio ideal es Dulle Griet -Vrijdagmarkt 50-, una cervecería famosa por su amplia oferta, formada por 250 tipos diferentes entre las que destacan la Gueuze, la Kriek -obtenida mediante la fermentación de cerezas agrias, de ahí su color rojo- o la más típica, la “Max van het huis” -o “quítese el zapato”, ya que es necesario dejar uno hasta que devolvemos el vaso de 1,2 l-.

Antes de seguir con la ruta de la birra y dejarnos embelesar por la noche de Gante, paremos a comer algo. Si te gusta la comida tailandesa, Le Baan -Corduwaniersstraat 57- es el sitio. Cocina thai-fusión en el céntrico barrio de Patershol. Acierto seguro.
En cuanto salgamos, y antes de lanzarse a conocer la noche gantesa es necesario tomarse algo en el Hot Club de Gand -Groentenmarkt 15-, un club de jazz fundado en el año 1932 por dos estudiantes franceses que hará las delicias de los amantes de la música. Imprescindible. Si aún nos quedan fuerzas para otro combinado, en la plaza de Vlasmarkt hay varios garitos y buen ambiente. En el Bar des Amis ponen copas decentes y la parte de arriba tiene su encanto.

12:00 El cordero místico y el museo de la tortura
Con un waffle y un café en la otra mano, nos acercamos al puente de San Miguel para ver una de las estampas más bonitas de la ciudad. Y es que en línea recta se pueden contemplar las torres de las catedrales de San Nicolás, Belfort y San Bavón. En esta última se encuentra La adoración del Cordero Místico –obra maestra de los hermanos Hubert y Jan van Eyck, pertenecientes a la tan fructífera escuela flamenca-.

Como punto final a nuestra estancia en Gante, y aprovechando que empieza a llover, nos damos una vuelta por el Castillo de los Condes de Gante (Gravensteen), una fortificación medieval construida por Felipe de Flandes en 1180 que, gracias a la restauración realizada a finales del siglo XIX, conserva actualmente su aspecto original. Su museo de la tortura y las espectaculares vistas de la ciudad que se pueden ver desde sus torres ponen punto y final a nuestro viaje. Volveremos.

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No apto para cardíacos

Hacer planes depende del estado de ánimo con el que uno se levanta. Aprovechando que hoy es fiesta en Alemania (Ascensión de Jesucristo a los cielos, y ya de paso, día del Padre) y después de haberme recuperado del exceso de capiroskas ingeridas anoche, gracias a una sesión de diez horitas de sueño, os voy a proponer algún plan para este finde.

Los de hoy están dirigidos a los amantes de las emociones fuertes, a aquellos a los que les gusta descargar adrenalina, gritar y, a veces, pasar miedo.

El que avisa no es traidor.

1. BMW Ring-Taxi

Por eso de que lo tenemos al lado de casa, es posible que este finde nos acerquemos al circuito de Nürburgring-Nordschleife. También conocido como Die Grüne Hölle (“El infierno verde”), el legendario trazado situado en la comarca alemana del Eifel es punto de peregrinación obligatorio para todos aquellos amantes de las carreras y la conducción.

NordschleifeCon una longitud de 20,800 kilómetros -trazado original- y un circuito moderno –Grand Prix Strecke, 5,148 km- donde se disputa, entre otros eventos, el GP de Alemania de F1 cada dos años -alternándose con el circuito de Hockenheim-, el Infierno Verde es un centro de pruebas para todos los fabricantes de coches deportivos debido a lo exigente de su trazado. Lo es sobre todo la parte antigua, el Nordschleife. Las 73 curvas de su trazado serpentean entre las montañas Eifel y no dan el más mínimo respiro a los pilotos. Es un circuito antiguo, atípico y peligroso. Y si no, que se lo pregunten a Niki Lauda. Y es que en el año 1976, el piloto austríaco sufría un accidente gravísimo que precipitó el fin de la mayoría de las competiciones internacionales en el Ring, entre ellas, cómo no, la F1.

Afortunadamente, el bueno de Niki Lauda sobrevivió al accidente y a día de hoy se pasea con su gorrita por el paddock de cada Gran Premio de F1 fin de semana sí, fin de semana también, actuando como experto para el canal de televisión alemán propietario de los derechos de explotación del mundial, RTL.

Sucesos como el que acabo de relatar no han hecho más que engrandecer la leyenda del trazado. Con el fin de rentabilizar al máximo las instalaciones, además de organizar eventos de todo tipo -desde carreras de coches clásicos, a las 24 horas de Nürburgring- el Nordschleife ofrece multitud de actividades deportivas a los amantes del automovilismo. Track days, días de acceso libre para turistas, alquiler de coches de serie y competición, o el plan del que vamos a hablar hoy, el exitoso BMW Ring-Taxi.

Con un coste de 225 € por vuelta, la experiencia no es lo que digamos barata. Eso sí, el dinero está bien invertido. Hace unos años, la encargada del servicio era Sabine Schmidt, piloto alemana con más de 20.000 vueltas al circuito a sus espaldas. ¿He dicho 20.000? Con razón es conocida como “The Queen of the Nürburgring” o “La taxista más rápida del mundo”.

2. Marineros de agua dulce

El siguiente plan nos lleva nada menos que hasta Nueva Zelanda, a Queenstown, para ser más exactos. Esta pequeña localidad de poco más de 16.000 habitantes, situada al suroeste de la isla más grande – the South Island- de Nueva Zelanda, ofrece todo tipo de actividades deportivas relacionadas con la naturaleza que atesora. Cuatro estaciones de esquí para los amantes de los deportes de invierno, puenting o rafting, son algunas de las posibilidades que ofrece el turismo de aventura de la región. Aunque lo que hoy nos interesa tiene que ver con cierta lancha.

Una muy especial.

Conocidas en inglés como jetboat, estas lanchas de propulsión a chorro son ideales para navegar en zonas de baja profundidad, debido al mínimo calado de sus cascos. Así pues, este tipo de embarcaciones parecen aptas para lo que pretendemos hacer, surcar las gélidas aguas de algún río neozelandés.

El concepto es simple. Te pones un chaleco salvavidas -ya sabemos que la seguridad es lo primero-, te subes a bordo, te pones cómodo y a disfrutar.

3. Speed Flying

Ahora que por fin hemos dejado el invierno atrás, vengo yo a ofreceros un plan relacionado con el esquí. Que nadie se preocupe, ya que la temporada de invierno no ha hecho más que empezar en Argentina…

Híbrido entre el esquí y el parapente, el Speed Flying es un deporte para aquellos que no le temen prácticamente a nada. Desde luego no es fácil de practicar, ya que combina lo mejor de los dos deportes antes citados, y exige unas condiciones meteorológicas, cuanto menos, aceptables.

Compañías como Speedfly California ofrecen cursos que van desde los 275$ que cuesta el básico introductorio de un día, a los 975$ del Basic Speed Flying, que consta de tres días de entrenamiento tras los cuales estás capacitado para volar sin supervisión en la reserva india de Soboba, California. Si vemos que este deporte es el nuestro, los amigos de Speedfly California ofrecen otro curso de 1200$, conocido como S1 Rating, mediante el cual podremos volar en espacios habilitados para ello en todo el mundo, inlcuidas estaciones de esquí.

Disfrutad.

Nos vamos de viaje

Porque a nosotros nos gustan los coches, hoy voy a hablar de viajes. Muchos de ellos los hemos hecho o los vamos a hacer en vehículos de cuatro ruedas. Pero hay otros que hay que hacerlos en moto. Porque también nos gustan mucho las motos.

No soy nada purista. Creo que cada viaje tiene un tipo o estilo de moto y de conducción. Tampoco soy de los que se “casan” con marcas. Creo que la mayoría hacen coches y motos prácticas y mediocres, así como creo que todas han tenido o tienen un modelo de leyenda. Bueno, la verdad es que ni Dacia, ni KIA, ni Hyosung tienen ninguno… Aún, quién sabe.

Dicho esto, vámonos de viaje.

El equipaje, el justo y necesario; la cartera, lo más llena posible. Porque sí, qué cojones, nos gusta viajar con pasta y gastárnosla; y lo más importante, la compañía y el vehículo adecuado.

1. Long Way Round / Long Way Down

Por ambición que no sea. Lo que no nos van a quitar nunca es el derecho a soñar.

Nuestro primer destino son muchos a la vez. Y es que en el año 2004, el actor Ewan McGregor y el también actor y aventurero Charlie Boorman se embarcaron en uno de los viajes con los que uno siempre ha soñado. A lomos de dos BMW GS R1200, los cachondos de Ewan y Charlie salieron de Londres el 14 de abril de 2004 con la intención de dar la vuelta al mundo -de oeste a este-, y lo consiguieron.

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No sin pasar alguna penuria, y tras haber recorrido más de 20.000 millas (32.187 km) atravesando 12 países en 115 días, llegaron a NY el 29 de julio. Qué más da cuando llegaron. Lo último que uno quiere es terminar un viaje así. La pregunta es, ¿cuándo nos vamos?

Tras el éxito cosechado en su anterior hazaña, nuestros protagonistas, sedientos de kilómetros, se vuelven a montar en sus burras y, saliendo otra vez desde GB, aunque en ésta ocasión desde John O’Groats, Escocia, cruzan Europa en diagonal rumbo a Sudáfrica.

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Desde la localidad más septentrional de Gran Bretaña a Ciudad del Cabo, la capital de Sudáfrica, en dos BMWs. 15.000 kilómetros cruzando África de norte a sur atravesando, esta vez, 18 países en 85 días. Las fotos son espectaculares.

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Amén.

2. Agárrate, que vienen curvas

Todo periodista del motor, o simple aficionado a los coches de verdad, ha soñado alguna vez con su trabajo. Sí, me refiero a Jeremy Clarkson, James May y Richard Hammond, o lo que es lo mismo, a los tres presentadores del programa de coches más acojonante que existe, Top Gear. Sólo equiparable a la devoción que siento por el Madrid, este programa se supera día a día regalándonos una hora semanal de gasolina y olor a neumático quemado. Además de probar coches, han hecho todo tipo de roadtrips al volante de los pepinos más exclusivos del mercado. Tantos, que tardaríamos semanas en comentarlos.

Alguno más caerá, pero hasta ese momento se pueden ver todos online. Aquí, por ejemplo, la temporada 18. http://vimeo.com/channels/382760/page:1

Vamos al lío. Un deportivo de ensueño, más de 500 caballos bajó el capó y el placer de conducir a cielo abierto. Y curvas, muchas curvas. Más concretamente, las de Transfăgărășan, la carretera que une las regiones rumanas de Transilvania y Wallachia. Construida en la época del dictador Ceausescu, consta de cientos de curvas a lo largo de los 90 kilómetros que unen el pico más alto de los Cárpatos, el Moldoveanu, y el segundo más alto, el Negoiu.

Wide view over the northern Transfagarasan

En caso de que me dejasen elegir compañía y coche, creo que lo tendría muy claro. Un tracción trasera y una persona. Si no le gusta pasar un poco de miedo, que se baje antes de que arranque. Una y sólo una, ya que para llevar peso ya llevo el equipaje en el maletero. Las inercias son muy malas, ya lo sabemos. Así que para no sentirnos mal por dejar a nadie en tierra, nos montamos en un biplaza.

Opciones hay muchas. Aquí ya entramos en cuestión de gustos. Sería recomendable un coche rápido, ágil y potente, que frene bien y que pese poco. Van a ser cosa de 90 kilómetros que, con el coche equivocado, se nos pueden hacer largos. ¿Largos he dicho?.

Estaba pensando en qué playlist prepararía para el viaje. Aunque la verdad es que con lo que voy a llevar entre manos creo que la música va a pasar a un segundo plano…

Si acaso ésta, para cuando coronemos el Moldoveanu.

3. Descubriendo la tierra del tío Sam

“Yo no viajo para ir a alguna parte, sino por ir. Por el hecho de viajar. La cuestión es moverse”- Robert Louis Stevenson

Esto es lo que voy a hacer yo el día que decida cruzarme EEUU from coast to coast en un muscle car. Embarcarme en una nueva aventura sin meta ni plazos. Gasolina barata, moteles de carretera, la ruta 66. Parece un topicazo, y lo es. Pero me la suda. A todo el que le guste viajar se le ha pasado alguna vez por la cabeza coger un coche, ponerse las gafas de sol, y carretera y manta. Imposible no acordarse de Dennis Hopper y Peter Fonda. Sí, ésta era fácil. Es Easy Rider, pero con otro toque.

Ni Ford Cougar, ni Harley Davidson Hydra Glides, ni leches. Nosotros nos vamos en un coche yanki de verdad. De esos que usan seis u ocho cilindros, gastan como un país en guerra, miden más de cinco metros de largo y abundan en las maravillosas road movies. Al más puro estilo Miedo y Asco en Las Vegas.

Bueno, quizá lo de la mescalina, el ácido y la farlopa lo podemos dejar para más adelante. Pero el concepto es prácticamente el mismo.

Route 66

Conocida también como la Main Street of America, la Ruta 66 une las ciudades de Chicago y Los Ángeles, y atraviesa los estados de Illinois, Missouri, Kansas, Oklahoma, Texas, Nuevo México, Arizona y California -del cual vamos a hablar largo y tendido en los próximos tiempos- antes de morir en la meca del cine. A pesar de haber sido descatalogada -retirada de la Red de Carreteras de EEUU- a mediados del año 1985, la Ruta 66 sigue siendo lo que podríamos considerar como una carretera de culto. Como apunte kultureta, es necesario recordar que John Steinbeck se refería a ella como la “Mother Road” en su célebre libro Las uvas de la ira, en el cual narra las desventuras de unos granjeros de Oklahoma durante su migración a California, por culpa de la sequía y las tormentas de polvo que asolaron las Grandes Llanuras estadounidenses a mediados de la década de los treinta.

"El Valle de la Muerte", jodido secarral

“El Valle de la Muerte”, jodido secarral

Volvamos a nuestro plan.

Sabiendo que tenemos todo el tiempo del mundo, no hay prisa. Eso sí, aquí somos de preparar un poco los viajes. No me sean de esos que se dejan llevar y obedecen ciegamente lo que dicen los demás. Un poco de personalidad, por favor.

Como tenemos tropecientasmil opciones, que cada uno elija lo que más le apetezca.

Yo me pienso tomar una birra en el mirador del Gran Cañón.

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Al igual que este zagal, pretendo hacerme una foto a los pies de uno de los árboles más grandes del mundo, el General Sherman -una secuoya gigante de 83,8 m-, en el parque nacional de Yosemite.

General_Sherman_2426497682A antes de bañarme en las playas de Santa Mónica….

las-vegas Lo dicho, un viaje de ensueño al alcance de todos. Que cada uno se organice como quiera. No visitéis todo de una tacada y así podemos volver alguna que otra vez…

Eso sí. Recordad que en estates los límites de velocidad varían según el estado por el que circulemos.

mapa-limites-velocidad-estados-unidosQue si no, luego pasa lo que pasa…